Finalmente en el año 1879 se inauguró el primer tranvía eléctrico en Berlín que hacía un recorrido de 2’5 km de longitud. En estos nuevos vehículos utilizaban para su alimentación corriente continua de 110 Vcc procedente de grandes generadores eléctricos acoplados a los raíles en el suelo. Sin embargo, esta rudimentaria instalación dio lugar a numerosos accidentes con las herraduras de los caballos y peatones que cruzaban las vías, y fue necesario instalar un cable sujeto a gran altura mediante postes o a los mismos edificios a lo largo de todo el recorrido.
A finales del siglo XIX ya se había erigido en el transporte urbano de referencia de los países industrializados de Europa. O al menos de casi todos.